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20 de abril de 2018

Carlos Sainz debe espabilar...la F1 no espera a nadie.



La F1 avanza, los equipos evolucionan, los pilotos luchan y los aficionados disfrutan de todo ello. Esa ecuación es fácil de comprender, pero al mismo tiempo conlleva algunas cuestiones algo más profundas y en este caso vamos a tratar sobre una de ellas, una de esas variables que hemos mencionado: sí, efectivamente, los pilotos. Y más concretamente sobre uno muy cercano en particular: Carlos Sainz, nuestro futuro en esta disciplina más allá de Fernando Alonso. Carlos, un piloto rápido como pocos, con una cabeza privilegiada y con la materia prima necesaria para luchar por cosas importantes...pero al que últimamente, todo sea dicho, le está faltando algo muy importante para triunfar en la F1: creérselo.

Muchos son los comentarios que se ven en las redes sociales cuando se ve a un piloto presumiendo de su talento, proclamando a los cuatro vientos que es el mejor que hay en la parrilla y que puede batir al que se proponga. Si esas palabras no se acompañan de hechos suelen ser suficientes para tildar al piloto en cuestión de bocazas, de arrogante y de fantasma. Por eso esas palabras se procuran apoyar en lo que se hace sobre la pista. Generan esa obligación de rendimiento. Pero sí, todo empieza en esa creencia de que eres el mejor, de creerte que no hay piloto al que no puedas batir y que tu compañero no es más que el primer rival al que tienes que machacar. Sin piedad, sin darle opción, sin poner la relación personal de por medio, porque al final es un juego en el que sólo puede quedar uno. El más rápido se queda, el más lento se va. Es F1, un estanque de pirañas, no un jardín de infancia, y no hay justicia que valga. El que muerde come, el que espera es devorado. Así de simple.

Y sí, vamos con Carlos. Un piloto, como hemos dicho, con una cabeza privilegiada, con una formación técnica envidiable y con una manera de controlar la presión muy adecuada para estos mundos donde lidiar con ella no es nada sencillo. Pero al mismo tiempo Carlos acompaña todas esas virtudes de un pequeño defectillo que ahora le está pasando factura y que en este mundo cuenta y mucho: le falta creérselo, como cualquier campeón que cree en si mismo de una manera aplastante. Le falta esa creencia de que es uno de los elegidos, de que va a machacar a los otros 21-23 pilotos que forman la parrilla cada año, y que no hay nadie que sea mejor que él a igualdad de condiciones. Eso de lo que presumen los Hamilton, Vettel, Alonso y Verstappen, por poner sólo 4 ejemplos que bien podemos comprender rápidamente. Necesita creerse que es un líder, que no hay compañero que le pueda toser, y que además de creerlo lo puede decir en público porque acto seguido lo va a demostrar sobre la pista y nadie le va a poder contradecir. Es esa bravuconería la que incita a ser despiadado con los demás porque lo que hay en juego no entiende amistades o buenos royos. Sólo entiende de lucha contra el crono y de ser increiblemente egoista, por muy poco politicamente correcto que pueda parecer. Es la supervivencia de un piloto: ser más rápido que el resto. Claro está, al menos, si quieres ser Campeón del Mundo.

Carlos, en esta tesitura, se encuentra en una situación que hasta ahora no se había dado: está en una escudería grande, a modo de préstamo por parte de Red Bull, y por tanto intentando lidiar con su futuro sin saber en que dirección le dirigirá: amarillo Renault o azul Red Bull. Una inseguridad que lejos de alentarle parece que le está frenando. Esa indefinición de no saber que camino escogerá no le está beneficiando, cuando debería ser una medida de presión que le espoleara a creérselo para ir a machacar a Nico Hlkenberg desde el minuto uno. Ya lo dijimos en su momento, Carlos debería haber comenzado marcando su territorio desde los entrenamientos libres de pretemporada porque las batallas se ganan minando la moral del enemigo desde antes de que éstas comiencen. Si el enemigo te tiene miedo, si no está seguro de que va a ganar la guerra, ya la ha perdido antes de plantar batalla. Así que sí, puede pasar que no te lo creas...pero además, encima, puede suceder que otros factores externos pueden distraerte y hacerte pensar que tienes más tiempo del que realmente te van a facilitar. Vamos a ello.

Llegar a una escudería como Renault desde Toro Rosso no es tarea fácil. Pasas de estar continuamente presionado por un Dr Marko insaciable, que espolea a sus pilotos a poco que se relajen un segundo...a un equipo donde estás más protegido y donde además una parte de la marca, la que tiene intereses en España, te usa como elemento publicitario de sus campañas. Eso es nuevo para Carlos y desde luego no sucede lo mismo con Nico Hulkenberg porque Alemania no representa lo mismo para Renault que España, por un tema de peso comercial en la facturación y ventas globales de la marca. Esa falsa sensación de estar protegido puede ser contraproducente con el rendimiento en la pista porque te hace creer que tienes una suerte de colchón que se traduce en tiempo para rendir sobre la pista. Y no es así. No si quieres ser Campeón y no limitarte a sobrevivir. Quien apuesta a lo segundo termina saliendo de la F1 más pronto que tarde. Es como salir a no perder un partido. Es la mayor garantía para terminar perdiéndolo, y encima sin plantar batalla. Carlos se encuentra por primera vez con todo esto y no es fácil saber como reaccionar, con todo ese nuevo "ruido", con todas esas nuevas distracciones, que vienen desde fuera y que juegan en su contra. Pero de que sepa lidiar con ello depende su éxito final. No es sólo ser repescado por Red Bull o continuar en Renault, es asegurarse su estancia en la F1. Y aquí sólo vale una cosa: ganar a tu compañero de equipo.

Ganar al compañero, esa es la clave. La creencia del nivel que tienes se basa en ver a quien bates en tu escudería y el nivel que tiene para conceder, o no, mérito a tus victorias "personales". El crédito de Sainz, por ejemplo, no era el mismo batiendo a Verstappen que batiendo a Kvyat. Igual que no es lo mismo el crédito que obtenía ganando al ruso que derrotando a Hulkenberg. Simplemente por la percepción que se tiene de sus compañeros. Y en estas estamos ahora. A Nico se le considera un gran piloto, uno de esos que siempre tienen un crédito especial entre los más entendidos del paddock. Ahora bien, siendo todo ello cierto, tampoco lo es menos que no está considerado un talento al nivel de Hamilton, Alonso, Vettel, Verstappen, Raikkonen o Ricciardo. Simplemente porque no tiene en su haber ni victorias ni podios, y porque Checo Pérez ya le batió estando en Force India. Y todos sabemos lo que hizo el mejicano estando en McLaren. Por ello la exigencia de derrotarle es total si quiere ser visto como un potencial Campeón del Mundo. Cuando plantó batalla a Verstappen tuvo el crédito de quien luchaba de tú a tú con el nuevo Senna. Nico no tiene esa misma valoración, por lo que machacarle no es una opción, es una obligación si quiere ser visto como un líder, tanto para continuar en Renault como para ser repescado por Red Bull. Carlos debe pensar no sólo en hacer un buen papel sino, y más importante, en ser visto como carne de líder del equipo en el que milite. Y eso sólo se logra derrotando a tus compañero, por cuanto más diferencia mejor.

Por último, quiero destacar las ultimas declaraciones de Cyril Abiteboul, en las que elogia a Hulkenberg alabando a Sainz por su comparativa en el pasado con Verstappen. Es un elogio implícito al madrileño, pero un elogio de los que se parecen sospechosamente a un bombón envenenado. Es un reconocimiento implícito de que el alemán es el piloto más fuerte del equipo, y aunque pueda parecer sólo unas declaraciones temporales vistos los primeros resultados de estos 3 GP's pasados, lo cierto es que aproximan a Sainz a una zona peligrosa, esa en la que se pasa de líder a segundo piloto del equipo y de la que cuesta mucho salir. Hablando llanamente, es como intentar salir de la famosa "zona amigos" para todos aquellos que buscan algo más. Rara vez se consigue y por lo tanto hay que evitarlo a toda costa. Sainz debe entender que debe salir de esa zona cuanto antes, e incluso, mucho mejor, no caer en ella si puede evitarlo. Cyril ya le ha dado el primer aviso implícito. Carlos debe creérselo, deber pensar en ser Campeón del Mundo y en que para ello debe machacar al piloto alemán si quiere llamar la atención de los equipos que luchan por ese objetivo. Incluso para quedarse en Renault porque si el equipo progresa, querrá tener a un piloto que pueda luchar por esas metas. Y Carlos debe demostrar que es él y no el alemán el que puede hacerlo. Es a todo o nada, Carlos, como cuando tuviste que ganar las World Series para debutar en F1. Ganar a Hulkenberg o arriesgar tu carrera en la F1. Nadie dijo que fuera justo, pero es lo que hay...

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