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19 de noviembre de 2017

Alonso, el "Golden Boy" del automovilismo...(Le Mans, Daytona, la Indy500 y su lugar en la historia...)



Si estás leyendo este artículo, a estas alturas ya sabrás que Alonso ha participado con Toyota en las jornadas de entrenamiento que se han disputado en Abu Dhabi sobre un rutilante LMP1 del equipo japonés como preparativo a las 24 Horas de Le Mans. También sabrás que ha dado más de 100 vueltas y que su tiempo ha estado a poco más de 0,7 seg. de Sebastian Buemi, piloto de referencia del equipo con base en Colonia, antes también piloto de F1 de la escuela Red Bull. Pero si todo esto ya lo sabes, lo que seguramente ignores todavía es el motivo que genera esta Alonsomanía, esta especie de enfermedad colectiva que genera el ovetense y que arrastra tantos aficionados a toda disciplina que toca. Por eso la pregunta de hoy no puede ser otra ¿como es posible que una única persona revolucione un Campeonato con su única presencia?¿Que tiene Alonso que gusta tanto?¿Por qué no es uno más de la parrilla?...

Lo primero que hay que tener en cuenta con Fernando es que su nacionalidad juega un factor clave en este asunto, en esta ecuación. Como todos nuestros héroes históricos, el asturiano ha hecho de la épica su bandera, su marca de la casa. No es un piloto que gane por tener los mejores monoplazas, no es un "carrerista" que simplemente sea endiabladamente rápido. Alonso es al automovilismo lo que el General Maximus era para el Gran Circo romano en la película de Rodley Scott: un gladiador que engancha a la gente no sólo por sus victorias, sino por la manera de lograrlas. Luchando contra todos los elementos, contra el establishment que gobierna el automovilismo. Alonso los desafía, les mira a los ojos y les dice: "te voy a derrotar...y si no lo consigo, moriré en el intento". Esto es algo que engancha a Fernando no sólo con los aficionados al automovilismo en este país, sino con los del resto del globo terráqueo porque no hay nada que emocione más que ver ganar al que lo tiene todo en su contra, con la valentía del que va a todo o nada. Por eso Gladiator, esa película de Ridley Scott que narra la historia de un extremeño (de Mérida en concreto) fue todo un éxito. Porque la épica traspasa fronteras...

Alonso revolucionó la Indy 500 y va camino de hacer lo mismo con las 24 Horas de Le Mans, pero ¿por qué se mete en estos embolados y que gana con ello?¿no ganan más las disciplinas en las que participa que el propio piloto del reto que asume? Sí y no. Si pensamos que la victoria de la Indy se le escapó por el enésimo fiasco de Honda con sus motores y que las 24 Horas de Le Mans no garantizan nada hasta que se cruza la bandera, lo cierto es que Fernando también saca algo de todo esto con independencia de que gane o no. Las aventuras de Alonso fuera de la F1 reclaman su figura a nivel mundial durante los días previos de preparación de cada uno de estos retos. Su nombre está en los medios como si de la preparación del viaje a la Luna se tratase. Genera repercusión mediática, dinero a todo los involucrados y revalorización de su figura. Ya no se trata sólo de los aficionados a la F1, al WEC, la Indy, Daytona o del reto que se proponga. Se trata de todos aquellos que sin ser aficionados al automovilismo, de repente, como por generación espontánea, se interesan por la aventura, por la preparación de la misma, por lo que hace los días previos y, como no, por lo que hace el día de la carrera. Es el "Golden Boy", ese término que se utilizaba para referirse a Oscar de la Hoya cuando competía sobre el cuadrilátero, por la cantidad de dinero que movía. Con él no se trataba de que te gustara el boxeo, sino de que cuando participaba había que ver su combate, porque al día siguiente todos iban a hablar de él. Con Alonso pasa lo mismo y el es consciente de ello. Fernando quiere convertirse, de alguna manera, en el auténtico "true racer" de su generación. Quiere crear esa marca. Si no gana algún título más, quiere pasar a la historia por esto. Y es por ello lógico que juegue estas cartas...

Vettel, Hamilton, Ricciardo, Verstappen, Raikkonen...todos tienen algo para ser considerados parte de esa "Liga de los Hombres Extraordinarios". Pero siendo todos ellos de alguna manera icónicos y referencias del automovilismo, ninguno de estos 5 cracks es capaz de mover el mundo a su alrededor con un chasquido de dedos. Un ejemplo fue Raikkonen, al que sus aventuras en el WRC y en la Nascar americana no le llevaron a conseguir arrastrar la horda de aficionados que lleva el ovetense al campeonato en el que aterriza. Y nadie podrá decir que el finlandés no dice siempre lo que le viene en gana a la prensa, sin filtro, como el asturiano. Sin embargo, el de Oviedo, por el motivo que sea, genera reacciones un tanto bipolares en los aficionados. Si al finlandés se le pasan sus rajadas porque se admiten como una parte graciosa de su carácter, con Alonso no pasa lo mismo. O te encanta, o le odias, o le das la razón o le niegas el pan y la sal. Esto es lo que hace que sus palabras sean referencia en la prensa y genere tantos titulares y noticias. De alguna manera, este tipo de reacciones tan viscerales ante todo lo que dice hace que sea el piloto de referencia del automovilismo a todos los niveles, cosa que los otros cinco mencionados no consiguen aunque intenten acercarse en según que casos. Ese carácter, que raya en ocasiones la prepotencia si no se sabe leer entre líneas, juega más en favor que en contra del asturiano. Él sabe que sus palabras son miradas con lupa, que son la referencia del fin de semana. Juega con ellas, sabe lo que implican, los destinatarios de las mismas, y el poder que tiene para decirlas. Alonso habla fuera porque primero habla en pista, nunca al revés. Al que no gusta, nunca le gustará lo que diga, al que sí, le sonarán a música de Mozart del siglo XXI. Pero siempre estarán pendiente de él...

Hablar de Alonso es hablar de una referencia, del posiblemente mejor piloto de su generación, del piloto que retiró a Schumacher, del que genera reacciones viscerales, del que no se muerde la lengua y dice lo que piensa, de un tipo sin complejos, de un gladiador sobre la pista...pero sobre todo, sobre todo...del "Golden Boy" del automovilismo. Toda disciplina sueña con tentarle a participar, aunque sólo sea por una única vez, en alguna de sus carreras, Saben que él es el único que arrastra lo que los demás no consiguen por mucho que su calidad sea incuestionable. No se trata sólo de ser rápido, tener talento, tener cabeza...se trata de conectar con los aficionados, con el público en general, que no implica necesariamente que sea sólo para que te idolatren o te veneren. El odio más ciego e irracional también contribuye a construir la figura de aquel que es la referencia para todos: los que le aman y los que le odian. Alonso lo entiende y lo magnifica todo lo que puede. Sabe que su lugar en la historia depende de esto. Lograr el tercer título que le meta en otra liga no está sólo en sus manos, pero ser un piloto de leyenda sí. Un auténtico "true racer", como gusta tanto decir. Posiblemente el único de su generación. Posiblemente lo único que ya vale a estas alturas. Vettel con 4 títulos no tiene esa valoración, Alonso sí. Al final, en la F1 no todo son números. La manera de consguirlos también importa. Y en esas está Fernando. Por eso el WEC, la Indy, Daytona, su carácter, sus palabras...el legado también importa, y tu huella en la historia lo es todo. O casi...

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