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6 de agosto de 2017

Ángel Nieto, Rey de Reyes...



Ángel Nieto, Rey de Reyes. No hay un título que para mi gusto defina mejor a la mayor referencia en el motociclismo que ha generado este país. Algunos, los más recientes, le reconocen su labor como comentarista de los grandes premios de motociclismo. Otros, algo más antiguos, le reconocemos como el padre de varias generaciones de reyes del afalto a dos ruedas. El padre de los Aspar, Herreros, Garriga, Pons, Crivillé, Cardús, Gibernau, Puig, Alzamora, Elias, Checa, Bautista, Barberá, Pedrosa, Lorenzo, Marquez, Rins, Viñales, entre tantos otros...y por supuesto sus hijos, Pablo y Gelete, así como su sobrino Fonsi. Con Ángel Nieto empezó todo. Es el padre deportivo y espiritual de todos ellos. Por eso la deuda de su pérdida es inmensa, por eso toda España está ahora un poquito más huérfana. Nadie puede llenar su hueco. Una pérdida inmensa, irreparable, algo que nunca creímos que pudiera suceder. Le creíamos eterno pero se nos fue. Y hoy vamos a escribir unas líneas sobre el maestro Ángel, el auténtico 12+1, sobre el Rey de Reyes del Motociclismo en este país.

Puede sonar extraño hablar de un piloto de motociclismo en una página de F1, pero no lo es tanto si pensamos en el origen de esta página y de mi afición a la F1 en particular. Pensemos. El nombre de la web, quemandorueda, tras valorar muchas alternativas, fue fruto de pensar una denominación que no me circunscribiera a hablar sólo de F1 cuando mi pasión por los coches iba más allá de la competición y el origen de mi pasión por el motorsport venía de las motos. Antes de la entrada de Pedro de la Rosa y Marc Gené en el mundial de F1, antes de la aparición de Internet, antes de que el deporte del motor moviera masas en esta España tan de postureo ahora en Twitter y Facebook, un chaval de poco más de 8-9 años era introducido en la pasión por el Mundial de Motociclismo por un padre que se acababa de comprar una moto (una Yamaha 250 de las que eran populares en los años 80) y que empezó a levantarse de madrugada para ver las carreras de 80, 125, 250 y 500cc. Por entonces todavía corría Ángel Nieto, que alternaba las categorías de 80, 125 y 250 (depende del año), como antaño otros pilotos hacían habitualmente. Era la época en la que disputar dos mundiales de dos categorías distintas no era algo raro. Y llegó Aspar, y llegó el relevo.

Lo cierto es que mis recuerdos de Nieto como piloto son los concernientes a su última etapa y por tanto no a la de la mayoría de sus éxitos, lógicamente. Pero sí recuerdo, pese a ser un crío por entonces, quedarme con la sensación de que era un piloto que habiéndolo ganado ya todo, tenía una enorme pasión por la motor, un coraje increíble y un pundonor inigualable. Y eso le hizo cercano, y eso le hizo una más de una España que veía como alguien con semejante cantidad de títulos continuaba en el mundo de la moto porque era un gladiador sin igual, un luchador que nos representaba a todos, una muestra del verdadero carácter del español promedio. Por eso Ángel conectaba, por eso Ángel tenía y tiene el cariño de todos, por eso no hay premio que se le pueda comparar a lo que le quería toda una España tan dividida para unas cosas como tan indisoluble para otras. Con Ángel no había discusión alguna. Tenía la admiración y el cariño de todos.

Para un chaval que aterrizaba en el mundo de las motos, sin internet, sin twitter, sin redes sociales en general, y con dos cadenas de televisión por aquel entonces, la figura de Ángel Nieto para entender el motociclismo fue fundamental. Fue de él de quien aprendí lo importante que era conservar las ruedas para los ataques finales, coger los rebufos de la manera correcta para adelantar, saber elegir la curva donde colarte al piloto que llevabas delante, esperar a las últimas vueltas para prepararse la victoria, pensar con la cabeza a la hora de luchar contra los rivales...toda una serie de tácticas, movimientos, trucos y estrategias que no sólo me servirían por entonces para comprender un Gran Premio de Motociclismo sino para mi posterior afición a la F1, puesto que muchas de esas recetas fueron fácilmente extrapolables a la competición sobre 4 ruedas. Fue mi maestro en una época donde sólo el comentarista era tu única fuente de sabiduría, porque ni Internet ni las redes sociales existían por entonces. Era TVE, la 1 y la 2, lo que generaba por entonces tu conocimiento. Que estuviera Ángel allí lo supuso todo para ese niño para el que la playa pasaba a mejor vida si había una carrera de motos de por medio. Incluso la comida se posponía si era necesario. Entonces gustarte las motos era cosa de frikis, sobre todo si le pedías al camarero que cambiara de canal para para poder seguir la carrera en ese chiringuito plagado de turistas. País de fútbol por encima de todo.

Pero lejos estuvo Ángel de ser un maestro a distancia sólo para mí. Fue el padre de varias generaciones que desde la llegada de Ángel y sus éxitos se creyeron con la fuerza y calidad suficientes para retar a italianos, franceses, japoneses, alemanes, americanos y australianos...entre tantas otras nacionalidades. Ahora el Mundial de Motociclismo respira español por los cuatro costados, pero en los 80 fue Ángel el que sirvió de auténtica inspiración para todos los que fueron triunfando desde entonces. Era una especie de padre superior de todos ellos, mentor y consejero, que en algunos casos, incluso,  les abrió el camino que cerrado hubiera estado sin él. No le acomplejaba apoyar a los suyos porque sabía de sobra la calidad que tenían y lo difícil que era lograr que confiaran en ti sólo por ser español. Lo dio todo por ellos, como si fueran hijos suyos, e hizo de los éxitos de esas generaciones que llegaron tras él motivo de alegría propia, porque un trocito de él había en todas ellas. Para alguien que vio a los americanos y australianos dominar el mundial de 500cc fue especialmente emotivo ver como Alex Crivillé ganaba el mundial y ponía fin, de una vez por todas, a la sequía de Campeonatos en la categoría reina del Mundial por parte de los pilotos españoles.  Ni Sito Pons ni Joan Garriga ni Alberto Puig lo pudieron hacer antes. Los Doohan, Rainey, Scwhantz, Gardner, Spencer por fin tenían a un piloto español que añadir como a un igual, alguien que había debutado en 500 con la Honda Campsa del equipo de Sito Pons dejando claro que corría sin complejos. Como Ángel, dándolo todo en cada curva, como se ganan los mundiales.

La historia de las motos cambió con ese mundial de Crivillé. Desde entonces llegaron otros pilotos españoles que vieron que por fin no había barreras en la categoria reina, que Alex las había derribado venciendo al mejor piloto de 500cc en mucho tiempo y que podian correr sin complejos contra los  mejores. Ahora los Pedrosa, Marquez, Viñales, Lorenzo luchan de tu a tu por el mundial porque otros antes les mostraron el camino. Y el que puso la primera piedra de todas se llamaba Ángel, tenía 12+1 campeonatos del Mundo y nunca recibió el Príncipe de Asturias incomprensiblemente. Sin embargo, lo que sí se ganó, y de sobra, fue el cariño de la gente, de los aficionados, que han llenado de homenajes su despedida de este mundo para ir a ese otro que hay más arriba a correr y surcar las pistas que con tanto cariño le reciben. Si hay una única cosa que lamento fue ese día que en el Circuito del Jarama la paré para que posara y hacerle una foto. Tras hacerlo con una sonrisa de oreja a oreja le dije: "Muchas gracias, mi padre va a flipar, es un gran aficionado tuyo". Mentira, el que estaba flipando era yo, al que la vergüenza le impedía decir que estaba en deuda con él, que era un gran seguidor suyo, y que con esa foto me había hecho el tío más feliz del mundo. Era yo Ángel, para mi, no para mi padre, era yo...


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