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6 de julio de 2017

Vettel, Hamilton, la Guardia Civil y Poncio Pilatos...



Cuenta la leyenda que en cierto país europeo, cada vez que se detectaba en carretera un coche blanco y verde con sirenas azules, activas o no, circulando, se observaba detrás suya una procesión de coches que temerosos de adelantarlo, circulaban a la velocidad máxima permitida sin hacer ningún atisbo de adelantamiento o incorrección al volante. Los científicos del resto de países del mundo, asombrados por la magnitud del efecto, seguían sin encontrarle explicación a pesar de los múltiples estudios realizados para encontrarla. La F1, poseedora de un vehículo parecido, con unos efectos similares, sin embargo sigue careciendo todavía de la magnitud del efecto de ese extraño hermano mellizo. Y en esa búsqueda anda. ¿Que tiene ese extraño vehículo que causa tanto respeto y que nadie osa contradecir ni provocar?

La F1 anda preocupada. Los pilotos enloquecen en pista en determinadas ocasiones y sus normas, comisarios y sentencias no tienen el efecto deseado sobre los responsables de pilotar esos magníficos bólidos. ¿Por qué?, esa es la pregunta. La última cacicada de la FIA parece no ayudar. Dos de sus principales protagonistas, Lewis Hamilton y Sebastian Vettel, se enzarzaron en el GP de Baku en una demostración de testosterona un tanto absurda, y no es ni la primera ni la última vez que andan metidos en problemas. Sin embargo, la ley es especialmente flexible con ellos y no parece que tenga la suficiente intensidad para obligarles a caminar por el camino correcto. Algo muy diferente a ese extraño vehículo blanco y verde, cuyos efectos van más allá de su mera presencia. Es el cuerpo entero, y el fin al que representan, el que causa la tan increíble obediencia demostrada. Algo que la FIA no tiene porque la aplicación de sus leyes es arbitraria según sea el piloto o equipo implicado. Algo que no sucede con los hombres de verde, quienes no atienden ni a rango ni a posición social. Por ello se les respeta. Y es por eso, además, que en la F1, sucede todo lo contrario.  Esa cada vez menos extraña laxitud con la que se aplican sus normas en según que casos hace que la persona que les representa sea vista como un monigote del que se ríen todos a escondidas. No manda, no genera respeto alguno entre los suyos porque su interés por quedar siempre bien con todos provoca que el organismo al que representa sea el gran perjudicado. La FIA, todo por la gloria de su líder. Absurdo.

Nos detendremos en este último aspecto, porque para Bernie Ecclestone el principal problema que tiene el "pequeño Napoleón" es precisamente el nombrado en la última línea: su necesidad de quedar bien. Sólo así se explican las grandes decisiones tomadas en el pasado por el máximo dirigente de la FIA. Es una suerte de Poncio Pilatos al que nunca se le ve mojarse para determinar la suerte de la disciplina. Siempre termina dejando la decisión final en una especie de suerte consensuada que lejos de ser un reflejo de su carácter democrático, es más una demostración de su arte para lavarse las manos y dar brillo a su figura a nivel internacional. Lo hizo con los difusores soplados, con la introducción de los coches del segmento B en el Mundial de Rallyes para rebajar costes, la llegada de los motores V6 Turbo que tanto, en cambio, han disparado los presupuestos necesarios para competir en la F1, las decisiones en la que parece que se va a mojar y que terminan con trabajos sociales o una "leve colleja" al piloto implicado. Siempre queda bien, aunque sea a costa de la credibilidad de la institución a la que representa. 

Nadie se puede extrañar, por tanto, de lo sucedido con el caso de Vettel y Hamilton. Con independencia de que en las redes sociales a veces se haya llegado a cierto punto de exageración, lo cierto es que nadie se imagina a uno de esos hombres de verde llamándote al cuartelillo para luego decirte que con pedir perdón todo está solucionado. Una macarrada de ese tipo, en la autopista, contra otro usuario de la via, no hubiera quedado en esa suerte de "colleja" amistosa de agente de la autoridad "superenrrollado". Ellos no se deben a las cámaras, y esa sea quizás una de las diferencias. Quizás por eso nadie bromea con ellos. Quizás por eso los pilotos y los aficionados han dejado de creer en el sistema de penalizaciones de la FIA, ese organismo que dentro del automovilismo debería ser el más respetado. Su arbitrariedad para sancionar ofende al sentido común. Si con los de verde no hay bromas que valgan, porque hay un punto razonable de cierto temor y respeto ante sus actuaciones, con la FIA parece haberse llegado a un punto casi cómico. Nadie los ve ya como un organismo serio y competente. Las comparaciones con otras disciplinas, como el Tour recientemente, les ha puesto en el disparadero. Y sí, definitivamente no tiene nada que ver con el color de las sirenas de los coches. Todt, es algo mucho más serio que todo eso. Napoleón dijo una vez que su imperio terminó cuando decidió invadir España, que a raíz de esa derrota le perdieron el respeto y empezó su decadencia. Eso, el respeto, lo es todo. ¿Será este el comienzo del fin de tu mandato? El tiempo lo dirá...

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