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29 de junio de 2017

La historia de Vettel, Alonso, Mercedes y los fuegos artificiales...



Azerbayán, país que pocos sabían situar en el mapa hasta ahora, nunca vio tan repetido su nombre a nivel mundial como desde este pasado fin de semana. La F1 tiene estas cosas: una polémica y eleva lo relacionado con el tema en cuestión a una altura estratosférica. Pero si los promotores del Gran Premio no podrían estar más contentos con la repercusión de la prueba (y más tras el fiasco del 2016) hay otro protagonista involuntario que puede estar sonriendo maquiavelicamente en la oscuridad. Con gato o sin él, sentado o de pie, lo cierto es que del enfrentamiento entre Hamilton y Vettel hay, de hecho, un tercer beneficiado, aunque sea de manera indirecta. Y sí, en los siguientes párrafos lo vamos a explicar...

Vettel y Hamilton, Sebastian y Lewis...dos pilotos aparentemente muy diferentes pero que comparten una misma obsesión: ganar. Parece una obviedad, pero no siempre es fácil distinguir necesidad y obsesión. Estos dos la llevan al extremo porque pueden y porque quieren. Lo normal sería que el segundo verbo fuera antes que el primero, pero en la F1 lamentablemente viene antes el verbo poder que el verbo querer.  La diferencia entre ambos es que mientras al primero se le ve venir, con sus andares raperos y colgantes dorados, el segundo parece más el niño bueno que toda madre querría tener para su hija. Pero sólo es eso: lo parece. Vettel, de alguna manera, se quitó la careta de una manera definitiva en esa maniobra algo macarra, torpe e ingenua contra Hamilton. Macarra por las formas, torpe por la ejecución e ingenua porque sin conseguir nada bueno para él con la misma, la maniobra le puede salir bastante cara, incluso aunque no lleguen más sanciones. 

Habíamos dicho que hay un tercer protagonista en esta historia y hablaremos pronto de él. De momento, quedaros con estas dos palabras: fuegos artificiales. Mucho se hablaba de la idoneidad del fichaje de Vettel para acompañar a Hamilton en Mercedes, conocedores todos del carácter "siempre agradable" que se gasta el alemán. Sin embargo, Azerbayán puso de relieve que los fuegos artificiales llegarían igualmente a Mercedes en caso de acompañar a Lewis con Sebastian, porque no es algo ya que quepa dejar a la imaginación. Rosberg demostró hace menos de un año que las apariencias engañan cuando se tiene que luchar en el mismo equipo contra un piloto como el inglés, que saca lo más radical y maquiavélico de sus compañeros. Ver a Vettel golpeando al coche de Hamilton a posta, cuan macarra sobrado de autopista (reincidimos en el término una vez más) hizo que seguramente la cabeza de Toto Wolff y Niki Lauda sufriera un dejavú hacia acciones parecidas ocurridas cuando Hamilton y Rosberg compartían equipo. De repente los fuegos artificiales no estaban reservados para una única combinación tras la retirada de Nico. De repente, y ahora sí, Alonso no era el mismísimo diablo como así se le calificaba cuando se le comparaba con el piloto de Heppenheim. Alonso nunca había hecho tal macarrada en plena carrera, golpeando de manera efectiva a un rival por el título. De repente Alonso parece un piloto "limpio" y Vettel un tipo "guarrete" en la pista.

Alonso es desde el pasado Domingo el protagonista más beneficiado de la maniobra de Vettel cotra Hamilton. El aficionado, muy de comparar, ha podido ver como el alemán lejos de ser un santo, tiene el mismo carácter obsesivo por la victoria que los otros dos. Sin embargo, y a tenor de lo visto, Alonso parece, de los tres, el que tiene la cabeza más templada, el que en momentos de máxima tensión juega mejor sus cartas sin ponerse nervioso, sin caer en maniobras macarras y absurdas que pongan en peligro sus opciones y la integridad de los demás cuando lucha por la victoria. Wolff, que tiene un interés ya confesado por ambos campeones, sabe ahora que con uno no tendrá menos fuegos artificiales que con otro, como se presuponía erróneamente al principio. Muy al contrario. Mientras que con Fernando sabe que la lucha será fratricida, también sabe que no perderá los papeles en la pista si le toca luchar por la victoria contra Hamilton. Para eso tiene una cabeza privilegiada, que es además el gran temor de Lewis. En cambio, tras lo visto el año pasado y sobre todo en Azerbayán, Wolff ahora sabe que de tener juntos a Lewis y a Sebastian en el mismo equipo la palabra "fuegos artificiales" se podría quedar bastante corta. Si un piloto campeón nunca acepta fácilmente la derrota frente a un rival, frente a un compañero de equipo mucho menos. 

Fernando Alonso y Lewis Hamilton en el mismo equipo darían fuegos artificiales. Ese era, al menos, el temor de Toto Wolff...y su gran barrera para fichar a su piloto favorito. Pero si Fernando debe estar sonriendo en sus adentros más profundos y oscuros es porque sabe que ahora Toto Wolff ya tiene una idea de lo que podría darse de juntar a Hamilton y Vettel a ambos lados del mismo box. Sebastian no es Bottas, por si alguien lo dudaba. Sebastian es tan volcánico de reacciones como Lewis, con algo incluso de menos cabeza que el británico (lo cual no es fácil) Por ello, Toto Wolff debe estar pensando que si tiene que cambiar el modelo actual de tener un primer y un segundo piloto, la alternativa Vettel, visto lo visto, parece mucho peor ahora que la alternativa Alonso.  El problema, como ya dijimos, no es el carácter de Fernando. Es tener dos campeones del Mundo luchando por la gloria que sólo puede pertenecer a uno. Pero si a esa ecuación, ya peligrosa, le añadimos el poco control de la cabeza que tiene Sebastian en la pista cuando las cosas no le van bien, entonces es cuando el "honestly" y el "dedo" (índice o corazón según la ocasión) se convierten en una barrera mayor que la que aporta el 2007 al curriculum del español. Alonso salió ganando de Azerbayan y por eso quizás estaba realmente contento. No pisó el podio, pero ganó mucho más que eso...

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