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23 de abril de 2017

Gonzalo Basurto, un angelito a 4 ruedas...



Estamos hoy para pocas enhorabuenas, para pocas fiestas, para pocas celebraciones y mucho menos, para pocas bromas, que en la red hay de todo. Se nos ha ido anticipadamente un angelito con ruedas que soñaba con emular a los grandes del automovilismo, y me imagino que de la F1 en particular. Porque un niño está lleno de todo eso: de sueños e ilusiones, las propias de su edad, las que le motivan a crecer cada día un poquito más como persona. Gonzalo Basurto, un chaval de 11 años, para muchos era un futuro piloto de monoplazas que disputaba una carrera en el circuito de Fernando Alonso, para su familia y amigos, en cambio, era lo que llenaba sus vidas. Y se les ha ido. Y hoy vamos a hablar un poquito de todo eso, de personas ante todo...


Cuando una noticia de este tipo se produce siempre se dice una frase que realmente odio: "motorsport is dangerous". No porque no sea cierta, que lo es, sino porque apuesta por esa especie de inevitabilidad que tan presente parece estar en todo lo que tenga que ver con el automovilismo. Como si la vida en general no tuviera ya suficiente azar entre sus componentes. Algo de espíritu rebelde dicen que hay en todo ello, de quien se niega aceptar que no haya más caminos posibles. Y en esta ocasión, como no, es todavía mucho más triste, porque si cualquier fallecimiento es triste, en un niño con tantos proyectos vitales con lo que soñar a ilusionarse, la noticia duele más. Pensar en la familia que deja, que tantos años ha estado formando, educando, compartiendo vivencias, días de alegría, de tristeza, prolongando su estirpe con esa criatura que un día vieron nacer tras haber puesto tanto esfuerzos en traerle al mundo, esos 9 meses de ilusión y nervios, los primeros meses...son tantas las imágenes, tanta la sensación de injusticia por lo temprano de la llamada, que estas cosas duelen, y mucho, aunque no conocieras a aquel niño que tanto disfrutaba sobre un kart emulando a sus héroes por las pistas de asfalto de los kartings de toda España y más allá.

Pero no es esta la única reflexión que me gustaría hacer. Uno, que está acostumbrado a ir de evento en evento con su cámara de fotos, retratando la vida del motorsport obervando la vida por la mirilla de una reflex, se da cuenta muchas veces que la felicidad no está en ser Campeón del Mundo, que también, sino en disfrutar del deporte que practicas. Allá donde vas ves a pilotos de toda clase de disciplinas disfrutando el mero hecho de poder correr, de poder participar en un prueba de karts, de rallyes, de un campeonato de turismos cualquiera en un circuito cualquiera...el hecho importante es correr, disfrutarlo, sentirlo, formar parte de la familia que se hace cuando ya llevas más de dos y tres carreras. Sentirte uno más, en definitiva. Con Gonzalo podemos tener la tranquilidad de que ha pasado por todo eso, de que ha disfrutado de su pasión, de que ha compartido junto con otros pilotos la experiencia y adrenalina que da correr sobre un kart, la experiencia más parecida a conducir un F1. No habrá llegado al Gran Circo, pero ha disfrutado de ese deporte que tanto le gustaba. Y eso, creedme, al final es lo que cuenta. Y más en un chaval de 11 años, que todavía no ha tenido tiempo de malearse, ese riesgo que tiene el paso del tiempo. Tantas caras, sonrisas, ojos brillantes, palabras entrecortadas, no han podido ser un engaño durante tanto tiempo, cuando has ido de evento en evento, como en la Oca. Son demasiadas personas, demasiados sueños e ilusiones vistas sobre el cajón de un podio...o sobre una carpa improvisada con el coche de rallyes más simple, sencillo y barato que te imagines. Ahí sólo hay verdad. Como la que se escapa con Gonzalo en otra dirección, un poquito más arriba, donde tantos grandes nombres del automovilismo habitan ahora mismo...

Por último, querría también dejar un mensaje a todos aquellos padres que sueñan con ver a sus chavales convertidos en el próximo Fernando Alonso. Este no es un deporte sencillo, en el que cualquiera llegue a lo más alto de la disciplina. Por cada Fernando Alonso hay más de 10.000 chavales que se han quedado por el camino del Karting. de las copas de promoción o de la antesala de la F1. Hay cientos de pilotos que han empeñado hasta el último de los céntimos de su familia para lograr ese sueño que tan lejano está cuando comienzas y tan cercano puede parecer cuando vas superando las primeras etapas y barreras, sobre todo cuando  das el salto a los monoplazas. Y no, no siempre es sencillo recuperar todo lo invertido, cargando sobre los hombros de un niño una presión nada sencilla de sobrellevar. Mi consejo siempre en estos casos es que sepan tener los pies en la tierra, que sepan lo que conlleva correr en un deporte tan competitivo y peligroso como este, donde hasta el peor de los pilotos tiene una preparación de auténtico atleta...y un cerebro privilegiado, que no todo es pedal derecho a fondo. Disfrutar, esa debe ser su única clave en los comienzos. El final de Gonzalo quizás ponga de relieve todo esto de que el automovilismo no es sólo lo que vemos en los televisores, sino que son personas jugándose la vida desde niños, y donde cada vuelta saliendo indemne, engañando a la muerte, es un reto superado, un triunfo en si mismo. Y en karts, sin todas esas medidas de seguridad de las grandes disciplinas, el reto es doble. Más de 160 m/h alcanzan algunos de estos "bichos" de 4 ruedas, un motor y unas pocas barras. Gonzalo, un angelito de 11 años, ya no estará más con nosotros. Es cierto, pero si uno es tan eterno como el recuerdo que deja, su familia puede estar tranquila. Su recuerdo estará siempre en los que pensamos que la vida se mide por el tiempo que pasas disfrutando de ella. Y Gonzalo sus 11 años los disfutó hasta el final. Vaya que sí...

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