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9 de abril de 2017

Bottas no es Rosberg...ni Vandoorne un nuevo Hamilton



Vatteri Bottas no es Nico Rosberg...ni Stoffel Vandoorne es un nuevo Lewis Hamilton. Eso ha quedado claro tras estas dos primeras carreras, en Australia y China, visto el rendimiento de ambos en comparación con sus respectivos compañeros. Atrevida aseveración, no obstante, y efectivamente puede que así sea, pero en la redacción de este artículo procederemos a explicar el porqué de la misma. China y Australia han servido a Lewis Hamilton y Fernando Alonso para imponer su dominio, marcar su territorio y dejar claro quienes son en sus respectivos equipos: los hombres sobre los que descansa el éxito de sus escuderías. Son las referencias de la actual F1 y no lo son por casualidad. Ganan lo que ganan por algo, y nada mejor que el inicio del mundial para marcar su territorio. La guerra ha comenzado y te vamos a explicar el porqué de todo esto...

Alonso y Hamilton, Fernando y Lewis, son los dos "enfants terrible" de la F1, con un talento muy por encima de la media y con la clase de carácter que marca su manera de actuar en pista como fuera de ella. Uno de sus fuertes es su dominio de la batalla psicológica, algo esencial para sobrevivir en el mundo de la F1, un lugar que dista mucho de ser un jardín de infancia y donde para sobrevivir se necesita algo más que talento. Ellos lo saben, y en consecuencia actúan. Por eso la llegada de Vandoorne y Bottas a sus respectivos equipos sólo tenía una forma de afrontarse para así no tener que complicarse la vida más tarde. La forma de luchar contra ellos, la que debían elegir, no podía ser otra que la que eligen los grandes en estos casos: machacar a tu rival desde el principio, sin darles opción a respirar, para evitar que se crezcan con el paso del tiempo. Un rival machacado psicologicamente tras la 4ª-5ª carrera es mucho menos rival que alguien que se ve cerca y con posibilidades de batir al "grandullón" que tiene al lado. La batalla por imponer la inseguridad en tu compañero de escudería comienza desde la primera vez que se sube al mismo coche que tú. No hay tiempo que darle, ni palmadita en la espalda que valga. Son enemigos, sin más.

Alonso lo ha demostrado en varias ocasiones, pero una de ellas fue claramente con la llegada de Raikkonen a la Scuderia allá por 2014. Había muchos temores a que el finlandes se lo pusiera difícil al asturiano, que no obstante no se amilanó desde el principio, consciente de esa seguridad en si mismo que tiene en su talento natural. Pero para evitar sorpresas se empeñó en machacar al finalandes desde las primeras jornadas de tests, para que tuviera claro donde se había metido y quien era el rey del box de Maranello.  Esa forma de actuar siguió con las primeras carreras, donde no le dio opción a reclamarse, llegando al punto de derrumbar psicológicamente al hombre de hielo en esta misma carrera, donde le sacaron unas fotos completamente desolado, confesándose a su ingeniero entre las casetas chinas que forman el paddock de este gran premio tan particular. Ahí se ganó el español su superioridad sobre Raikkonen para el resto del campeonato, hundido como había dejado al piloto nórdico para lo que quedaba de temporada. Y basado en esa misma forma de afrontar la rivalidad con sus compañeros, ha actuado contra Stoffel Vandoorne, que confesaba antes de empezar el Campeonato que "no esperaba nada del asturiano", algo que sonaba a tambores de guerra para un piloto como Fernando, al que la declaración de guerra le suena siempre a invitación a fiesta universitaria. Lo peor que podía haber hecho el piloto belga, despertar a la bestia, al animal que lleva dentro Fernando. No os extrañe verle cuestionarse su propia calidad dentro de 2-3 carreras más, en lo que sería la victoria definita de Alonso sobre su compañero: meterle en la inseguridad que tantas décimas cuestan al crono sobre la pista.

Algo parecido a sucedido con Bottas, al que Hamilton le ha ofrecido el abrazo del oso, del buen camarada, para que se relaje antes de comenzar la temporada...y justo al comenzar, sacar todas sus artillería para destrozarle la moral en 4-5 grandes premios y convertirle en una suerte de Felipe Massa que no le estorbe demasiado. Bottas, que rápido es, tiene esa clase de carácter que encaja perfectamente como segundo piloto de un equipo puntero, pero nunca como referencia sobre el que descansar toda la responsabilidad de luchar por un Campeonato. Le falta esa mala leche, esa fiereza, ese hacer cosas imposibles con monoplazas "convencionales"...en resumen, esa bravura y espíritu infatigable que hace de los pilotos auténticas leyendas sobre la pista. Bottas no es rival para Lewis, algo que además sabía de antemano Toto Wolff, que cansado de la lucha fratricida Hamilton-Rosberg se ha querido tomar un respiro por un año. Hamilton, para evitar sorpresas, ha decidido marcar el territorio de antemano para que las preguntas de porqué el británico sí y yo no se empiecen a acumular en la cabeza de Bottas, sin hallar respuesta alguna a ninguna de ellas. O sí, la que nunca quieres escuchar: porque es mejor que yo.

Hamilton y Alonso, Lewis y Fernando, saben de sobra que el único piloto contra el que les cuesta establecer esta batalla psicológica son ellos mismos, Lewis contra Fernando, Fernando contra Lewis...pero el resto son pan comido. En 2007, como consecuencia de ello, McLaren disfrutó de fuegos artificiales durante toda la temporada, con Mónaco y Hungría como puntos álgidos, como les gusta narrarlo a las páginas inglesas, y por ello el británico no le quiere en su mismo equipo ni en pintura.  Bottas es el nuevo Massa, Vandoorne está por ver si es el nuevo Grosjean para Fernando. Pero en cualquier caso, salvo sorpresa mayúscula, son dos pillotos sentenciados ya antes de llegar al ecuador de la temporada. Para Alonso y Hamilton están amortizados. Esto no ha hecho más que comenzar. El desgaste psicológico empezará a añadirle décimas al crono. Lo veremos. Seguro...

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