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7 de mayo de 2016

Sainz y Verstappen, otra forma de verlo...


Muchas son las noticias y opiniones vertidas a lo largo de estos días tras el sorprendente ascenso de Max Verstappen al equipo Red Bull. Muchas de ellas han incidido en el injusto castigo a Kvyat y el excesivo premio al piloto holandés, máxime cuando sólo llevamos cuatro carreras del mundial y todo puede pasar todavía. Pero más importante aún, para los intereses patrios, ha sido la posición en la que quedaba Sainz dentro de la estructura austriaca tras el ascenso de su compañero. Por un momento, la carrera de Carlos parece haberse visto comprometida, y su posición en la parrilla de F1, parece ya puesta en el disparadero. ¿Game is over?. No, todavía no...

No nos engañemos no obstante. A priori Max cuenta con la ventaja de haber sido ascendido, y con ello, la ventaja psicológica de saberse que ya ha demostrado en la pista de lo que era capaz. Max, por mucho que nos pese, ha hecho lo que debía: ser rápido y agresivo en la pista, sin provocar incidentes reseñables, al tiempo que no era clemente con nada ni con nadie. Ni siquiera con su compañero de equipo, que a fin de cuentas era la primera guerra que tenía que ganar. Sin embargo, ahora comienza lo complicado. Se tiene que batir contra Daniel Ricciardo, que aunque su nombre no tenga el glamour del de Hamilton o Alonso, recordemos que humilló nada menos que a Sebastian Vettel, cuatro veces campeón del mundo, y hasta entonces, el ojito derecho de Red Bull. Ahí es nada. Ricciardo no será un hueso fácil de roer,, y ambos cuentan a priori con el "mismo" cariño y mimo de Marko, el "ogro de Milton Keynes" que poco o nada teme, y que es omnipotente en la estructura austriaca. Aquí es donde me gustaría detenerme...

A MAX SE LE COMPLICA...

El Gp de España, inicio de la temporada europea, significa para muchos equipos la posibilidad de redimirse ante un mal inicio del Mundial. O sino malo, sí al menos no tan bueno como esperaban en Febrero. Nuevas piezas, mejoras, cambios de toda clase y condición...para mejorar el rendimiento de sus monoplazas. Ahora, además, añadimos el cambio de pilotos. Y en este nuevo reto, Sainz lo debería tener "más sencillo" que Verstappen, al que ahora se le exigirá como piloto de un equipo Tetracampeón del Mundo y no como piloto de un equipo que forma estrellas, aunque a veces las apague sin remedio (todo sea dicho). Si gana a Ricciardo habitualmente, su apelativo de "el nuevo Senna" se quedará corto. Pero si empieza a ser batido regularmente por Ricciardo...¡ay, Dios mío!, la flor se puede marchitar antes de lo previsto. Como a Kvyat le ha pasado recientemente, del podio al despido no hay más que el ojo de Marko. Y si algo ha salido de todo este movimiento es que tan pronto eres un Dios como un héroe caído en desgracia. Max lo tiene todo para triunfar, pero Ricciardo no se lo va a poner fácil. Es más, no aceptará como Sainz los cambios de estrategia que favorezcan al holandés. Daniel sonríe como nadie, pero cuando te juegas el asiento en la F1, las cosas se ponen más serias.

Sainz tiene una oportunidad única que no debe desaprovechar. En el paddock está bien considerado, por cuanto ha plantado cara al "nuevo Senna". Pero no por ello se deja de sentir que le falta ese punto de mala leche que diferencia a los buenos de los mejores. Tiene velocidad y cabeza, dos condiciones ideales para los deporte del motor del más alto nivel, como la F1 lo es. Pero le falta esa clase de egoísmo tan criticado por los aficionados cuando lo ven relucir en los pilotos como necesario para triunfar en la F1. Si afronta esto como un reto, como una prueba del destino, y saca la rabia de donde la tenga escondida, Carlos nos puede dar muchas alegrías. Si eso coincide en algún momento con momentos de flaqueza de Verstappen, la alegría todavía puede cambiar de barrio. Max lo va a tener más complicado ahora, y Carlos debe aprovecharlo para correr sin miramientos, apretando el pedal del gas hasta que le roce la zapatilla con el asfalto, afrontando cada lucha como batallas en las que no se hacen prisioneros, ni siquiera con Max. "Matar o morir", valga la exageración metafórica. 

LO QUE DEBE HACER CARLOS

En resumidas cuentas, y para ir terminando, si Carlos maneja correctamente la situación, su posición en la F1, y no sólo en Red Bull, puede cambiar drásticamente, demostrando a la parrilla que hay algo más en Red Bull que "el nuevo Senna". Tiene que pensar en su futuro más allá de Red Bull, de conseguir o no tener el mismo monoplaza que va a tener Max a partir del GP de España. Muchos pilotos de Toro Rosso se obsesionaron con eso y al verlo lejos, se abandonaron a su suerte. Eso no debe ocurrirle a Carlos. Debe pensar en lograr esa clase de rendimiento que atraiga las miradas del resto de jefes de escudería para lograr seducirlos. Sólo así puede conseguir que se planteen su contratación. Así es como Max ha conseguido su ascenso, con el temor de Marko a que lo fichara la competencia. Marko debe temer lo mismo con Carlos. Debe temer que en cualquier momento se puede quedar sin una joya, de las que cuesta tanto pagar su formación. Ferrari, Williams, Mercedes, McLaren, Renault....todas ellas buscan ser seducidas por un nuevo diamante en bruto. Unas porque desean cambiar alguno de sus pilotos, otras porque temen que al menos uno de los dos que tienen quiera emprende otra aventura. Carlos debe ser el primero en su lista de peticiones y por eso debe darlo todo. No todo es Red Bull. Si el piloto madrileño quiere estar al lado de Max, es la primera cosa que debe pensar. Hay luz ahí afuera. Pero primero hay que salir de la cueva. A Max le ha ido bien ese juego. Carlos debe hacer lo mismo. Max ha hecho lo que debía, aunque fuera impopular. Pero esto no es la "Casa de la Pradera", esto es un club de pirañas. ¿Quieres devorar o ser devorado?. Tú eliges...

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