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11 de septiembre de 2015

Honda, de cabezones va la cosa...



Honda no tiene claro que el rendimiento tan nefasto ofrecido por McLaren en Spa y Monza sea causa suya. Y no lo tienen porque se disponen a realizar una prueba de su motor en un Superformula Nippon, esa categoría de donde salieron Pedro de la Rosa, Eddie Irvine o Ralf Schumacher entre otros. Una prueba que tiene como objeto comprobar si la falta de prestaciones del motor sólo se da en su combinación con el chasis de McLaren o realmente los caballos no salen más allá de la cuadra de Sakura (la sede donde Honda diseña sus motores).

Y lo cierto es que por una parte esa prueba es el primer reconocimiento explícito de los japoneses de que ese motor no está dando las prestaciones que promete. Si aceptas comprobar si tu motor funciona es porque no está claro que lo haga. Primera premisa. Pero la cuestión no es tan sencilla como parece. Porque nos encontraremos con una nueva situación: si el motor termina por no funcionar como debiera, Honda tendrá que agachar la cabeza, y no es sencillo para un japonés hacer tal cosa. Si el motor funciona en el Superformula, ¿qué hacemos?, porque el motor puede ser muy bueno pero con el chasis que tiene que funcionar es con el del F1, en este caso el de McLaren. Y todo teniendo en cuenta que las rectas de Monza pusieron bien claro donde está el problema: 0,6 seg. por cada recta del circuito italiano, 2,4 seg. en total. ¿De verdad que a estas alturas tenemos que estar con esta película?


La película. Esa es la cuestión. Una película que parece filmada por el mismísimo Michael Night-Shymalan, porque a fin de cuentas la cinta da miedo y a mitad de proyección sigues sin saber de que va. Pero lo que cuesta verdaderamente un mundo comprender en toda esta historia es que tras 12 grandes premios, con sus respectivas sesiones libres, calificaciones y carreras, tras todas las pruebas realizadas y piezas probadas, todavía no tengan claro que es lo que necesita ese motor para desplegar todos esos caballos que no salen nunca de Sakura. Demasiadas pruebas para tan escasos resultados. Demasiado tiempo para tan poco progreso. Un progreso que siempre es vendido con podios y victorias y que rara vez pasa de la Q2 los sábados. Honda necesita una nueva cultura de empresa en este proyecto. Su aventura en BAR salió como salió y Toyota, otro equipo japonés, nunca estuvo en posición de luchar por títulos tras varios años siendo el equipo que más gastaba. Tener unas instalaciones envidiables (que Toyota las tuvo también) es un buen comienzo, pero nada importa más que una dirección competente que determine los problemas principales, las herramientas y personal necesarios para resolver la situación y llevar al equipo hacia arriba. Arai no es esa persona, y eso no requiere de pruebas en Suzuka. Gasolina que no gastan, neumáticos que no usan. Demasiado fácil, demasiado práctico...y muy poco japonés.

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