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22 de noviembre de 2012

ECCLESTONE Y LAS TRAMPAS...¿DECIDEN EL MUNDIAL DE F1?



Hace unos días, mientras volvía al hogar andando por las acera cuan alma que lleva la compra del día, tuve un momento mágico por cuanto metía en mi cerebro una pregunta. Sí, no hizo falta gran cosa, sólo mirar a mi derecha y ver como la gente se agolpaba en el bar para ver un partido de fútbol , ahora que la Liga española es casi exclusivamente de pago. Eso me hizo plantearme si realmente los aficionados a la F1 tenemos más que agradecer a Bernie Ecclestone que criticarle. Él, y no otro, fue quien inventó la F1 moderna tal como la conocemos, y es por tanto el que ha facilitado que hoy en día no tengamos que pagar por ver este bendito deporte los fines de semana. De ahí a empezar a hilar con el resto de bondades y maldades que conlleva su gestión sólo había un paso. Y obviamente lo dimos, que para eso uno es de pensamiento inquieto...

Cuando se habla de Ecclestone se suele hacer en términos casi mafiosos. Para muchos representa la clásica persona que hace y deshace a su antojo en un negocio que de alguna manera le pertenece más allá de lo comercial. Él invento la fórmula que funciona, bajo la que se rige el espectáculo, y dista mucho de querer alejarse de algo con lo que parece seguir disfrutando: dirigir el Gran Circo. Ello le lleva a seguir cobrando un peaje en el sentido de como se gestiona el deporte, y nos guste más o menos, cualquier decisión que afecta a la F1 pasa primero por sus manos. En lo comercial...y en lo deportivo. En lo comercial parece obvio el éxito que tiene en un deporte que cada vez se expande más, que cada vez anhelan más países, pero ¿y en lo deportivo? Aquí, en este aspecto, es para mi gusto donde radica su mayor éxito, y me explico. Viendo del partido uno podría tener claro que siendo el fútbol el deporte rey, parece que la gente no se ha lanzado a la calle cuando se ha puesto precio a su disfrute  televisivo. En cambio, cada penalti injusto, cada fuera de juego genera una polémica sin precedentes. Ahí, en esa parte, la F1 parece correr a un ritmo similar al fútbol, incluso superior dada la tremenda tradición que hay entre Internet, la actualidad informativa y la F1.




Pero entremos en materia, y expliquemos que quiero decir cuando me refiero a su éxito deportivo. En este sentido me decanto más por todo lo relacionado con como se deciden los campeonatos y como se tratan los aspectos ilegales relacionados con el rendimiento de los monoplazas. Para ponerlo en perspectiva, mi mejor ejemplo para demostrar la maestría del Sr. Ecclestone viene relacionado con el ciclismo. En el ciclismo, la mejora del rendimiento deportivo no se logra con quitar unos gramos a la bicicleta, quitarla un radio de más a sus ruedas o añadirla un depósito extra de cualquier líquido sospechoso. No, la trampa deportiva está en el propio cuerpo del deportista, que es quien marca las diferencias. Detectar por tanto cualquier sustancia que haya en su cuerpo que modifique su rendimiento natural parece ser el fin último de este deporte, que pretende ser el más limpio de todos. Esa obsesión por perseguir la trampa hace que cuando estas se detecten, se maximicen en una especie de intento de exponer al deportista al escarnio público, para que sirva de ejemplo sobre lo que no se debe hacer. Ha llegado hasta tal punto esa obsesión, que el propio deporte está llegando al punto de ponerse asimismo en cuestión, como demuestra el hecho de que hayan tenido que retirar el título de ganador del Tour o los que coparon su pódium a la mayoría de los que lo ganaron en los últimos años. Por contra, en la F1 se ha gestionado todo con una mayor maestría. La mejora del rendimiento deportivo se consigue sobre el monoplaza, no sobre el cuerpo del deportista. Pero el cuestionamiento moral debería ser el mismo por cuanto las trampas son las mismas: no cumplir con una legalidad para jugar todos "con las mismas armas", para ganar limpiamente. En este sentido, la mano de Bernie ha ayudado para que los mundiales se decidan como se decidan nunca sean cuestionados. La trampa en la F1, lejos de estar moralmente recriminada, genera una repercusión mediática hasta positiva. Que un departamento técnico viole una norma no está visto como una trampa moralmente inaceptable, sino como un desarrollo creativo que se adelanta a las normas impuestas por el establishment.Y hay una tendencia a odiar al establishment que nos impulsa a pensar que si alguien ha sido más listo que ellos, merece el aplauso por haberlos desafiado. Esa cultura, esa forma de percibir las ilegalidades y las trampas en la F1 ha sido fomentada por un Bernie que sabía lo que convenía a su negocio.

Sí, Bernie ha sabido siempre dirigir su negocio, y las trampas y su repercusión mediática nunca han sido vistas como algo negativo para la F1 y la visión que se debe tener de ella, todo lo contrario. En este sentido nunca ha existido una persecución moral contra aquellos que hacían trampa, como en el ciclismo. La forma de tratar a los equipos que vulneraban las normas ha sido siempre muy inteligente. En la F1 la "aclaración de la normativa" ha sido siempre un arma que no ha dudado en usar para discernir las cuestiones técnicas espinosas sin necesidad de echar por tierra la credibilidad del Campeonato. ¿Cuantas veces hemos visto o leído eso de "a partir de aquí, de este momento, esta solución está prohibida"? esa frase a menudo, sino siempre, conllevaba que la ganancia deportiva anterior no entrara en cuestionamiento. Es más, las normas han favorecido siempre esta posibilidad, estas interpretaciones diferentes que hacen que los ingenieros puedan vulnerarlas de una u otra manera sin que el descubrimiento de su violación suponga pérdida deportiva alguna o el hecho de llevar a sus responsables al escarnio público, incluso a dar con sus posaderas en los banquillos de un tribunal. Es la forma de entender la redacción de la normativa la que ha posibilitado que incluso se decidan los ganadores del Mundial al gusto de quienes lo dirigen todo. Y nadie se cuestiona si son ganadores justos o injustos, si eso es moral o no. Lo más gordo que ha ocurrido en la F1 ha sido la sanción del equipo BAR-Honda por usar un depósito oculto en sus monoplazas. Su sanción, vista como ejemplar entonces, supuso perderse dos carreras. En el ciclismo hubiera supuesto 1-2 años de suspensión y la mancha para el patrocinador del equipo correspondiente. Incluso en el fútbol hemos visto sanciones anuales. Eso, en la F1, no pasa. Este año hemos tenido en la F1 aclaraciones técnicas suficientes como para mandar a algunos equipos a los programas de Barrio Sesamo, y hemos seguido pensando en cambio que el mundial se decidía en la pista, igual que en los últimos 12-15 años. La innovación suele ir por delante de la legislación, es cierto, pero no lo es menos que según los intereses que se persigan, interesa más mover el Campeonato en cada momento de la temporada en favor de unos u otros. Si el equipo Honda, convertido en Brawn tras su compra, se le hubieran prohibido los difusores "mágicos", este no hubiera sido campeón y Mercedes posteriormente no lo hubiera comprado. Esa gestión salvó un equipo y atrajo una mayor inversión e ingreso de dinero de un fabricante tan importante como Mercedes. Si en 2009 no se hubieran barajado las cartas de nuevo, con una nueva normativa técnica revolucionaria para entonces, no dudo de que Red Bull hubiera puesto punto final a su aventura en la F1 un par de años más tarde con los resultados que llevaban. Si los neumáticos han provocado que al principio de temporada y mediada la misma pudiera ganar casi cualquiera era porque marcas como Mercedes estaban pensando en dejar el Mundial. Ahora, con Red Bull patrocinando un WRC (Mundial de Rallyes) casi herido de muerte, de repente sus soluciones son tan legales como para hacer que Charlie Whutubg diga que como no habíamos visto cambios de alerones anteriormente, por eso no había esa costumbre de ver como los morros de los monoplazas parecen de goma. Bernie, como siempre, sabe como manejar los hilos para tenerlos a todos contentos. En ese fino hilo de nylon se mueve, tocando las teclas adecuadas para estar a bien con todos, pero sobre todo, a quienes garantizan que el Mundial de F1 siga siendo tan exitoso como lo es desde que él llegó.




Bernie es, por tanto, la única persona capaz de predecir quien ganará el Mundial cada año. Y eso, sin embargo, no le resta credibilidad al deporte. Es a quien se debe que con independencia de que gusten más  o menos sus formas, La F1 siga siendo el escaparate donde todo el mundo quiere estar. Las trampas no son trampas, sino desafíos a la normativa. Y las leyes no son muros infranqueables, sino elementos con los que jugar con el devenir del Campeonato. Si con todo eso logra que pensemos que la F1 tenga una imagen inmaculada en relación a otros deportes no es por otra cosa que por tener una visión más global de la que otros son capaces de tener. En la F1 actual no se persigue a nadie, no se denigra a una escudería o a un piloto por mero hecho de que hay mucho dinero en juego y pocos actores capaces de asumir un papel similar. No se encuentran todos los días estructuras enteras como Ferrari, Red Bull o McLaren, capaces de ganar mundiales y no tener al mismo tiempo casi ningún tipo de restricción presupuestaria. Pero incluso con los equipos de en medio pasa algo similar. Bernie cuida por los integrantes de su circo y mueve los hilos para garantizarse que todo siga funcionando, para que en la medida de lo posible, nadie caiga en desgracia si él lo puede evitar. Sabe del valor de la imagen y de la repercusión en los medios de todo lo que genera la F1. Y en manejar todo ello es un verdadero artista. Es un club privado donde se sabe  quien pone las normas, pero en la que sus integrantes aceptan sus normas porque saben que es quien mejor lo dirige. Como dicen por ahí: algo tendrá el agua cuando la bendicen...

Por Juan Ávila

2 comentarios:

C. Albers dijo...

De acuerdo en algunas cosas y en otras no.

A veces los beneficiados son equipos sin un duro y sin patrocinadores (BRAWN GP), y no creo que ahí tuviera mucho que ver su futura venta a Mercedes, y a veces son mega-corporaciones empresariales como Red Bull.

Para mí, el problema es que algunos de los ingenieros de la F1 actual van muy por delante de los que realizan el reglamento.

Igual la solución sería volver a coches algo más básicos porque esta escalada tecnológica propiciará que cada año hay interpretaciones del reglamento que sean discutibles.

Samuel Gómez dijo...

En la línea que comenta C. Albers, lo que "me duele" como aficionado a la F1, es que NO siempre se aplica la misma "vara de medir", en lo de ir por delante del reglamento.
Según sople "el viento", según que color "domine" ese año en el paddock o según quien sea el "team manager o ingeniero" innovador, las medidas caen de una forma u otra, de manera arbitraria, de manera caprichosa.

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