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25 de abril de 2012

ADIOS BARHEIN, ADIOS CONCIENCIA...



Terminada la carrera de Barhein, terminados los derechos humanos. Estoy de acuerdo en que parece una afirmación un tanto radical, pero no parece menos el cambio de dirección que ha ejercido la preocupación del resto del mundo por la gente de allí. Tercer día después de la carrera y ya no hay constancia de la moralidad, los derechos humanos y cualquier síntoma que dé a entender que se está pendiente de lo que sucede en Barhein. Diría que me sorprende, pero a estas alturas uno ya sabe diferenciar una preocupación real de una conveniente moda pasajera. Sí, lo mismo sucedió el año pasado, cuando antes de que se decidiera no ir a Barhein, las preocupaciones alcanzaron su grado cumbre poco antes de que se decidiera no ir. Tras la decisión de no ir allá, Barhein pasó al baúl de los recuerdos, el que se cierra con llave y del que no se quiere volver a saber nada. Todo, hasta que este año se volvió a abrir, y de nuevo la conciencia se apoderó de todos durante una mísera semana para luego evaporarse como una tormenta de arena de la que el viento desaparece. 


 Sí, Barhein ya no importa, ya no veréis a la gente twitteando sobre ello, retwitteando mensajes de justicia social, de temor por la seguridad, de crítica al sistema que allí impera (unos pocos ricos que se aprovechan de una multitud que no goza de esos mismos privilegios) de lo desgraciada que es la gente de allí, que tiene que convivir con un sistema que no se preocupa por ellos. Lo curioso es que fuera de modas, lo que les sucede a ellos no ha pasado de moda para los que están allí, aunque sí para los que utilizaron todas las protestas para atacar a un deporte que no tiene por fin en su reglamento promover o juzgar regímenes políticos. Se puede decir, de alguna manera, que la sensibilidad se presupone a las personas que forman el gran circo, pero enseguida hallaría una fácil respuesta en la idea de lo selectiva que debería ser esa sensibilidad si uno pensara en que China y la India no son ejemplos de paises donde la justicia social y los derechos humanos son precisamente destacables. Y para quien osara hablar de la seguridad siempre quedaría el ejemplo de Brasil, donde Button y los mecánicos/ingenieros de Sauber fueron objeto de ataques son fusiles y ametralladoras. Ambos sin victimas, por supuesto, pero lo mismo que sucedió en Sakhir, o peor.

Ahora por tanto queda en entredicho, según mi modesto punto de vista, toda la sensibilidad de la gente sobre lo que pasa en Barhein. Si la preocupación hubiera sido real, salida del corazón, de las entrañas, esta no se renovaría sólo de año en año, ausente durante todo el tiempo que separa la celebración del gran premio de un año a otro. Pero el hecho de utilizarlo como arma arrojadiza es lo que tiene, que sólo es de utilidad cuando hay una celebración de una carrera en el país por el que tanto se preocupa el mundo entero. Tiempo al tiempo, pero Barhein no ha cambiado de gobierno, ni de preocupaciones, ni de la gente que lo puebla. Simplemente la F1 se ha ido ya de allí y todo lo que antes era dramático ha pasado a ser anecdótico. La naturaleza humana es así de caprichosa, pero si bien la entiendo y la admito como tal humano que soy (ni menos ni más que nadie), lo que ya me cuesta algo más admitir a estas alturas son las lecciones de superioridad moral que con estos hechos se pretende difundir al resto de la humanidad. Aceptemos ser un humano más y pertenecer a esta raza con sus virtudes y defectos…pero no por ello creo que debamos ser mudos cuando saltan tan a las claras según que evidencias, que ponen cada cual y cada hecho en su sitio.

Lo dicho…¡adios Barhein, adiós conciencia, adiós derechos humanos…!

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